Francis Bacon en el Museo del Prado



Después de dar varias vueltas con el auto, encontré un lugar para estacionar. Caminé un par de cuadras y llegué cinco minutos antes de que abrieran las puertas. Saqué mi boleto, me sumé a la larga cola y esperé tranquilo.

El Museo del Prado es en sí mismo, una fuente permanente de historia, belleza, jerarquía y prestigio. Mucho más, si a las muestras permanentes de los más grandes artistas de la pintura y la escultura universal, se agrega una exposición temporal de uno de los más geniales pintores del siglo XX: Francis Bacon, el hijo de un militar cuidador de caballos y de una rica heredera de la industria y las fundiciones de acero.

En el año del centenario del natalicio de Francis Bacon (1909-2009), nacido en Dublín, el 28 de octubre de 1909; y fallecido en Madrid, el 28 de abril de 1992; el Museo del Prado, con el auspicio del gobierno español, y con la colaboración de la Tate Britain de Londres y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, conmemoraron con esta retrospectiva al excepcional artista, que tuvo tras celosos curadores o comisarios y que fue asegurada en la inabarcable cifra de 1.200.000.000 de euros, y que en pocas semanas recibió la visita de alrededor de 350 mil personas.

Un conjunto de sesenta y dos pinturas e innumerables objetos de archivo (cartas personales, fotografías de su agitada y controvertida vida, dibujos en servilletas, bocetos en hojas de cuaderno, por caso) se exponen en una planta de dos pisos agrupadas con un orden casi cronológico de su producción y otros apartados temáticos que siguen un concepto derivado de los asuntos que abordó en distintas épocas de su vida: Animal, Zona Aprensión, Crucifixión, Crisis, Archivo, Retrato, Memorial, Épico y Final. 

Continuando cada uno de estos módulos, los visitantes se pueden introducir en el universo personal de las obsesiones de Bacon. La contemplación de la obra del pintor exige la máxima concentración, distancia de los prejuicios, sutil sensibilidad a la rigurosa técnica y a su sangrante y veraz acercamiento a la condición humana. Quizá, estos argumentos han hecho de Bacon un pintor universal.

Animal incluye algunas de las primeras obras de Bacon, a partir de mediados de la década del cuarenta hasta 1950. Su pensamiento respecto de la animalidad del ser humano se manifiesta en la pintura de este período, aunque se sostiene a lo largo de su vida. Las escasas obras que se muestran de esta etapa son las que se salvaron de la destrucción que el mismo artista hizo, debido a las agudas y severas críticas recibidas. De 1944 es el tríptico Tres estudios para figuras al pie de una Crucifixión, expuesto un año después en la Lefevre Gallery de Londres, coincidiendo de este modo, con el final de la Segunda Guerra Mundial y el descubrimiento de los crímenes de los nazis en los campos de concentración. Pesimismo y crueldad absorben la composición de las obras, cuyo vital colorido contrasta con las violentas escenas.

Zona y Aprensión, de la década del cincuenta, presentan diferentes variaciones sobre el Retrato del Papa Inocencio X, del inigualable Velázquez. Las figuras se aíslan dentro de una estructura de metal, en un espacio sombrío, angustiante, asfixiante. Las bocas del religioso se convierten en el centro excluyente de las composiciones, haciendo una síntesis perfecta entre la sensualidad del poder y el padecimiento interior.

El apartado Crucifixión y Crisis muestra obras de los años sesenta, con los grandes trípticos de Tres Estudios para una Crucifixión. El segundo del tríptico fue tomado, según el artista, de la obra Cristo en la gran Crucifixión del pintor medieval Cimabue. Concepto enigmático sin alusión directa a la religiosidad temática, ya que Bacon hace centro en la crueldad con la que son capaces de dispensarse los seres humanos. Violencia, crímenes y sangre, aunque negado por Bacon, hay una referencia sugerida a los nazis, ya que una de las figuras de la pintura porta un brazalete con la cruz gamada en su brazo izquierdo.

A esta altura de la vida, Bacon ya era un artista de la vanguardia, consagrado en Inglaterra. Es en estos tiempos cuando aparecen con frecuencia en la obra las referencias poéticas desde los griegos hasta Shakespeare, T. S. Elliot o Federico García Lorca. Sin desconocer el influjo de Picasso y su interés particular sobre Velázquez, Miguel Ángel o Van Gogh. 

Archivo revela que la fotografía y el cine, de alguna manera, le sirvieron a Bacon como punto de partida para su inspiración; mezclando ilustraciones de revistas, libros variados e instantáneas en diarios y periódicos de esa época.

El cuerpo de Retrato está dedicado a la obra producida con modelos que fueron sus grandes amigas, Isabel Rawsthorne y Henrietta Moraes; y su amante de muchos años, George Dyer, quien se suicidó en 1971, causándole un dolor inconsolable al genial pintor.

Bacon es el pintor del siglo XX que aborda al hombre desde su violencia y debilidad, de la futilidad y el sexo, de la angustia y la vitalidad, desde el dolor más profundo y la agonía inevitable. Una experiencia inédita y alucinante en majestuosos salones invadidos por cientos de personas que deambulan entre el éxtasis y el asombro.

Francis Bacon volvió al Museo del Prado, laberinto incontenible que siempre visitaba para ver las obras de sus venerados Velázquez, El Greco y Goya, de quienes siempre se llevaba una enseñanza nueva.

Por unos días, Francis Bacon regresó a España para dar su último alarido, sin olvidarse de que un viajero incansable de rutas como él, en las que construyó su genio único y se sometió salvajemente a su borrachera creativa, ya había concedido su silencio eterno al morir en el regazo de Sor Mercedes, de la Orden de las Siervas de María, en la habitación 417 del Hospital Clínica Ruber. Solo, sin visitas, un día soleado de la cálida primavera madrileña de 1992.


Crónica del libro inédito "Con el corazón en las manos" (2023)

Comentarios

  1. Muy interesante y bella crónica. Qué privilegio haber visitado esa muestra!

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