Un general indigno y un soldado valiente en las Islas Malvinas (Nota escrita para el diario Nueva Rioja, el 2 de abril de 2022)
El 2 de abril próximo se cumplirán cuarenta años de la recuperación de las Islas Malvinas, que sólo duró poco más de un par de meses bajo nuestra bandera, más precisamente hasta el 14 de junio de 1982, fecha de la rendición incondicional e indigna del general Mario Benjamín Menéndez, que la firmó bebiendo un whisky británico en el comando que habían instalado los ingleses en Puerto Argentino a las 23.59 horas.
Digo
indigna y lo señalo porque no todas las rendiciones lo son, ya que aún habiendo
sido derrotado, resulta un gesto noble para un guerrero rendirse ante un
enemigo superior en número, armas y preparación militar, luego de haber luchado
por la Patria sin renuncios y con entrega total. Tal como lo hicieron nuestros
soldados que entregaron sus vidas con heroísmo y valentía. Pero este general de
brigada jamás acompañó a sus jóvenes soldados al campo de batalla, nunca estuvo
en el frente de fuego, sólo daba órdenes desde su oficina mientras sus
camaradas daban la vida sin límites por nuestra bandera.
Y repito
rendición indigna porque mientras fumaba y bebía whisky del enemigo aquella
noche del 14 de junio, sin haberse embarrado hasta el alma como los soldados
que mandaba en alguna de las trincheras llenas de agua y temperaturas bajo
cero, sin haber disparado un solo tiro como sus jóvenes soldados que habían
sido enviados al matadero de la guerra; este Menéndez, que comía caliente en su
puesto de mando mientras los pibes no recibían su rancho durante días en el
frente de combate, fue tan cobarde como su primo el chacal cordobés Luciano
Benjamín Menéndez, que fuera condenado en Córdoba donde murió hace algunos
pocos años por sus crímenes de Lesa Humanidad (responsable de
secuestros, asesinatos, robos de bebés, torturas y todo el catálogo de la
perversión que un ser humano pueda imaginar). Y aunque parezca otro tema, no lo
es. Están relacionados y unidos por aquella dictadura cívico, militar y
eclesiástica que desde 1976 hasta 1983 destruyó al país.
Decía que
mientras fumaba su cigarro y balbuceaba algunas palabras en inglés, convertido
en un bufón impresentable, indigno y cobarde, ese Menéndez estampó su firma y
entregó a las tropas en una rendición que nada tiene que ver con las gestas
patrióticas de nuestra Nación en su larga historia de luchas contra enemigos
extranjeros.
Por esa
indignación que me causa recordar a este personaje siniestro, es que quiero darle
relieve y actualidad a estas palabras. "Váyanse ustedes que tienen hijos.
Yo me quedo”, gritó Oscar Ismael Poltronieri mientras disparaba contra más de seiscientos
ingleses desde el Monte Dos Hermanas, en las Islas
Malvinas en esos días finales antes de la rendición.
Alguien refirió hace un tiempo que Poltronieri, con 18
años y siendo analfabeto, por sus acciones de combate durante la batalla del Monte
Dos Hermanas, en la Guerra de Malvinas, operando una ametralladora, desoyendo
la orden de retirada y quedándose solo a combatir, permitió el repliegue de sus
compañeros, alrededor de ciento cincuenta soldados incluidos sus superiores a
zonas más seguras, disparando al enemigo con su única arma, cambiando de lugar
en forma permanente con muchas dificultades y tirando también desde el monte Longdon y el monte
Tumbledown. De esta manera, evitó el avance de la ofensiva británica
durante más de diez horas. Poltronieri estaba herido y prefirió quedarse
cubriendo la retirada de sus compañeros, consciente de que herido como estaba,
los iba a retrasar. Solo, de noche y en esas condiciones, tuvo la valentía de
enfrentar a un batallón de soldados muy profesionales.
Por ese acto recibió la medalla "La Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate" del Congreso de la Nación, siendo así el único soldado conscripto vivo en recibir la máxima condecoración que otorga nuestro país. Sin embargo, Poltronieri no pudo leer lo que decía la cruz que le entregaron porque no sabía leer. Todo lo que se escribió sobre él, lo pudo leer muchos años después, luego de ingresar a la escuela a estudiar para aprender a leer y a escribir.
Luego de la guerra, Poltronieri quiso suicidarse porque la guerra deja secuelas hondas, tan profundas como las heridas en el cuerpo. El joven soldado, al regreso de Malvinas, fue vendedor ambulante, anduvo por calles y trepado a los colectivos para ganarse la vida, trabajo cómo remisero; hizo mil cosas para ganarse un lugar con dignidad. Trabajando en el anonimato más lacerante. Un héroe por las calles ganándose el mango para comer. Como los otros millones de héroes anónimos de nuestra Argentina que pelean en otras clases de guerras. Los de ayer y los de hoy.
Su analfabetismo le provocó varios problemas. En los años
noventa, el municipio de General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires, le
entregó una casa pero un concejal le hizo firmar unos papeles que él no supo
leer, y así se consumó la estafa de un inmoral que se quedó con ese inmueble y
Poltronieri se quedó en la calle. Con el paso de los años, la Municipalidad de
Mercedes le entregó un terreno donde intenta hacerse una casita, mientras
trabaja cada día en el Hospital Militar de Campo de Mayo, soñando con irse a
vivir a las Islas Malvinas cuando los ingleses nos las devuelvan.
Este valiente héroe argentino tiene sesenta años. Nació el 2 de febrero de 1962 en Mercedes, provincia de Buenos Aires, y hace unos años, soldados y oficiales ingleses lo buscaron para expresarle su admiración y lo condecoraron en Inglaterra con “La Cruz de Hierro al Valor”. En su ciudad, la mayoría ignora que Poltronieri lustró zapatos en las plazas por monedas para no entregarse y sobrevivir. Como hizo en las Malvinas cuando se jugó la vida por todos nosotros.
Del libro inédito "Con el corazón en las manos (2023)
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