Julia Goytisolo: “Estoy orgullosa de ser la destinataria de Palabras para Julia”

No debió haber sido fácil para la mujer, que por tener un padre talentoso, comprometido, luchador, poeta brillante y escritor emblemático de la generación de los cincuenta de la literatura española, tuvo que convivir con una constante exposición pública al ser la protagonista excluyente de una canción que el mundo emocionado cantó y sigue cantando al haber sido grabado por innumerables artistas, entre ellas, nuestra Mercedes Sosa. El cantautor valenciano Paco Ibáñez le puso música y hoy es una canción que lleva alrededor de cuarenta años en la memoria sensible de millones de personas.

 

Pepe Novo, Especial para LA MAÑANA, BARCELONA, ESPAÑA.- La esperé nervioso en el bar Marcel, donde la vi por primera vez hace más de treinta años. Aquella tarde de aquellos años, cargada de libros, con su belleza a cuestas, cuando traspasó la puerta y salió caminando por la calle Santaló, en el coqueto barrio de San Gervasio, en la Barcelona de los años setenta, la miré hasta que dobló la esquina, y no pude evitar esa turbación parecida al enamoramiento. Le pregunté al mozo del bar quién era esa mujer tan hermosa, y Julio, aquel flaco prolijo de la chaqueta blanca impecable, me dijo suavemente: “Es la hija de Goytisolo. José Agustín, el poeta”. Inolvidable.

Hija única del gran poeta catalán José Agustín Goytisolo (1928-1999), emblemática figura literaria de la generación del cincuenta, junto a sus grandes amigos Angel González, José Manuel Caballero Bonald, Jaime Gil de Biedma y Juan José Valente, entre otros; y sobrina de Juan y Luis Goytisolo, dos brillantes escritores que formaban una trilogía de hermanos artistas consagrados que no registra casos similares en el mundo.

La había llamado por teléfono desde Madrid, para acordar el encuentro. “Tiene que ser antes del 19 de mayo porque me voy al Festival de Cannes”, me dijo.

En la capital catalana, volvimos a hablar, para encontrarnos. Le pregunté si todavía existía el Bar Marcel. Me dijo que sí, y agregó: ¿“Te parece bien en el Bar Marcel, así recordamos viejos tiempos?

Cuando llegó y nos saludamos, Julia Goytisolo seguía tan hermosa como siempre. Pidió un café con hielo y nos pusimos a charlar como si el tiempo no hubiera pasado.

-¿Por qué te pesó durante tantos años ser la destinataria de ese bello poema “Palabras para Julia”, que escribió tu padre y al que Paco Ibáñez le puso música?

Es que sabes que pasa, yo nunca me sentí identificada con la primera estrofa: “Tu no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja, como un aullido interminable…” No sé, nunca sentí que eso tuviera que ver conmigo. Me sonaba muy dramático, muy trágico, muy fuerte. Mucha gente cree que mi padre me escribió ese poema cuando nací, pero eso sucedió cuando yo tenía siete u ocho años.

Me costó mucho tiempo incorporar en mi vida que ese poema tenía que ver conmigo, al que Paco (Ibáñez) le puso música y la convirtió en una canción que todos cantaban.

Además, una vez fui a un recital de Paco, y cuando anunció que iba a cantar “Palabras para Julia”, dijo ante las miles de personas que estaban en el concierto que yo estaba ahí, y me lo dedicó. No sé quién se lo habrá dicho, pero eso fue demasiado. Yo había ido con un grupo de amigos y me dio mucha vergüenza, mucho pudor. Y no fui más a verlo. Y sé también que Paco no la quería cantar más para no hacerme daño, porque se enteró que eso no me había gustado.

-¿Y cuándo entendiste que era un legado que era inevitable y que tu padre lo había escrito sin pensar en lo que pasaría después con esa canción?

Recién hace unos años, cuando se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de mi padre. Se organizaron diversos actos para recordarlo, y fui con mi madre (Asunción Carandell, hermana de Luis Carandell, cuñado, escritor, periodista y amigo de José Agustín Goytisolo) como invitadas especiales a participar de todos los actos y homenajes que le hicieron. Unos días antes de que comenzara lo que habían organizado varias entidades y amigos de mi padre, hablé por teléfono con Paco y le tuve que decir: “Oye Paco, te levanto la veda”. Me dí cuenta que no podía seguir con eso. Paco se rió y me lo agradeció. Paco era muy amigo de mi padre. Se querían y se respetaban mucho.

-¿Y volviste a tener otra experiencia cuando la volviste a escuchar?

Y sí, comprendí que había sido un acto de amor profundo. Que había frases que ahora agradezco infinitamente. Como por ejemplo: “…tendrás amigos, tendrás amor…” Y así fue. Tuve y tengo amigos y amor. Además, no sabes la cantidad de gente que me dijo y me dice: “Si supieras lo que me ayudó esa canción para salir de situaciones difíciles…” Una vez, Paco me contó que en Buenos Aires, se le acercaron unas mujeres uruguayas que le dijeron que esta canción las había ayudado a soportar las torturas cuando estuvieron detenidas. Es todo el tiempo así. Fue muy nutritivo para mí, porque mi padre fue una persona maravillosa, muy especial. Éramos muy compañeros, y aprendí mucho con él.

-¿Cómo era tu relación con él?

Era una relación hermosa. La de un padre muy especial con su hija. Para mí, era mi papá. Quizá, yo no me daba cuenta de lo que él significaba cuando yo era pequeña y adolescente. Pero caminábamos mucho, salíamos juntos, me reía todo el tiempo con él. Es más, nunca volví a reírme en la vida como él me hacía reír. Tenía un sentido del humor muy fino, muy agudo. Estaba pendiente siempre de mí. Me miraba y su mirada se iluminaba. Era su hija única y mujer.

Mis amigas lo adoraban. Me espantaba los novios de aquella época. Las llamaba a mis amigas y les decía: “Oye, por favor, ¿qué le ha visto Julia a este tío con el que está saliendo? Haz algo, dile que ese tío no es para ella, que no tiene…. que le falta… que no sé cuántas cosas más. Después, cuando los iba conociendo, se encariñaba y estaba todo bien. Pero espantó a varios.

-¿Qué recuerdo inolvidable, único, tenés de haber vivido junto a tu padre?

Tengo muchos. Pero hay uno que recuerdo y que ahora me causa mucha gracia. Hubo una época en que viajaba constantemente a distintos lugares del mundo. Iba como invitado a dar conferencias, a encuentros de literatura, y yo lo empecé a acompañar. En unos de los viajes a Latinoamérica, visitamos Ecuador y Perú, entre otros países, y conocimos un millonario peruano que nos invitó a quedarnos en Lima, a visitar Tacna, y no sé cuántos lugares más. Y nos quedamos, Y nos pasamos de largo porque alargamos la estadía un montón de tiempo, y mi madre nos empezó a llamar incansablemente: “Oye, que cuándo van a volver, que ya es tiempo de que esa niña retorne a casa, que…”

Pobre, me acuerdo y me río, pero debió ser una pasada nuestra porque mi madre no entendía qué pasaba. Así era. ¿Nos quedamos? Nos quedamos. Y nos quedamos más de la cuenta. Pero hay muchas historias increíbles.

-¿Por qué se hicieron tantas conjeturas diferentes sobre la muerte de tu padre?

Mira, mi padre murió en un accidente doméstico desgraciado. Se había quedado solo en el departamento, y era muy obsesivo con las cosas que no funcionaban. No cesaba un instante hasta resolverlo. Se había roto la persiana de una ventana, y se subió a una silla para intentar arreglarla, Se ve que perdió el equilibrio y cayó desde el tercer piso. Murió por una estupidez. Era una época en la que estaba medicado por su depresión, y eso generó mil historias que nada tienen que ver con la verdad. Yo entiendo que es una historia muy romántica para contar que el poeta contestatario, comprometido y anti poder se suicidó, pero eso no es verdad. Hay gente que no piensa en el daño que le puede hacer a la familia, a los que quedamos, a los que lo queríamos tanto. Mi padre murió en un accidente que nos dolió mucho y no hay derecho a que algunas personas sin escrúpulos inventen cosas que no son ciertas. Sus hermanos, sus amigos, mi madre, el psiquiatra que lo atendía, todos coincidimos que no hay un solo motivo para pensar que fue un suicidio. Hemos reconstruido mil veces la situación para encontrar alguna explicación diferente y no encontramos nada. Se cayó de la silla donde se había subido por esa persiana. Es más, estaba preparando una serie de recitales con Paco para hacer en España, y eso lo tenía muy ilusionado.

-¿Qué hacés ahora en Barcelona?

Soy la directora de Barcelona-Catalunya Film Comission del gobierno del Ayuntamiento de Barcelona. Es decir, dirijo una oficina para estimular el trabajo cinematográfico (cortos, largos, documentales) y televisivo (publicidades) para que se filmen en nuestra ciudad. Facilitamos las condiciones, buscamos localizaciones, aportamos logística y todo lo que pueda servir para que se hagan cosas aquí.

En Barcelona se filman cincuenta y cinco películas por año. Y eso es bueno para la industria y para todos. Por eso voy al Festival de Cannes. Ahí establecemos contacto directo con productores, directores y agencias para que conozcan sobre los beneficios que tiene filmar en Barcelona. 

-Te invito a pasar unos días en Córdoba, ¿cuándo querés venir?

Ah, me encantaría ir a Córdoba. Cuando quieras. Acepto la invitación. Eso sí, iré con Pedro, mi marido.

-No importa Julia, te invito lo mismo…


José Agustín Goytisolo, poeta catalán

José Agustín Goytisolo nació en Barcelona el 13 de abril de 1928, de familia burguesa y castellano-hablante, que se vio brutalmente sacudida por la muerte de la madre -Julia Gay- víctima de un bombardeo franquista sobre la ciudad en 1938. El hecho dramático afectó a todos los hijos, pero especialmente a José Agustín, que puso a su hija el nombre de la madre perdida. Sus obras más importantes son El retorno (1955), Salmos al viento (1956), Claridad (1959), Años decisivos (1961), Algo sucede (1968), Bajo tolerancia (1973), Taller de Arquitectura (1976), Del tiempo y del olvido (1977), Palabras para Julia (1979), Los pasos del cazador (1980), A veces gran amor (1981), Sobre las circunstancias (1983), Final de un adiós (1984), Como los trenes de la noche (1994), Cuadernos de El Escorial (1995), Elegías a Julia Gay (1993). Realizó varias antologías, entre ellas, Poetas catalanes contemporáneos (1968), Poesía cubana de la Revolución (1970), Antología de José Lezama Lima, Antología de Jorge Luis Borges, Los poemas son mi orgullo (2003). Goytisolo también realizó importantes traducciones del italiano y el catalán al castellano a Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini, Salvador Espriú y Pere Quart, entre otros. Siendo muy joven, ganó los premios Adonais (1954), Boscán (1956) y Ausias March (1959).

Esta muerte es excesiva

Demasiadas veces me ha pillado de viaje la muerte de seres queridos. Pero esta muerte es excesiva. Mis ojos se estrellan contra las primeras páginas, luego contra el asfalto que rompió a José Agustín Goytisolo, y por el camino de tan corto vuelo, 35 años de amistad y gratitud. Todo empezó cuando el poeta consagrado apadrinó al joven escritor y a su joven compañera, excarcelados, me regaló la condición de promesa literaria, me buscó trabajo, incluso nos llevó de fines de semana para airearnos en compañía de los Carandell, allá en Reus o a Cambrils, donde por primera vez escuché Ponme la mano aquí, ma Corina, ponme la mano aquí; sobremesas playeras mientras Luis Carandell buscaba desguaces para su empeño de entonces: el arte pobre.

José Agustín y su mujer, Ton, forman parte de años decisivos en las construcciones y desconstrucciones de mis sentimientos y habían quedado en una retaguardia segura, últimamente no muy frecuentada, pero yo sabía que estaban allí cuando quisiera volver la vista para recibir memorias, deseos cómplices. Para que no tarde tanto en dejarse ver..., me dice en su dedicatoria de Elegías a Julia Gay, 1993, y hace pocas semanas, cuando publiqué mi entrevista con el subcomandante Marcos, me telefoneó para recordarme que Max Aub sitúa en Chiapas su espléndida falsificación Josep Torres Campalans. Permanezca en la novela interiorizada de los que le conocimos su nunca bien devuelto compañerismo y digamos que fue buena persona como si lo dijéramos por primera vez, como si no fuera un adorno moral especial para ataúdes. Pero es que, además, estamos ante un gran creador poéticamente incorrecto a lo largo de 50 años, continuamente frente a los celestiales de uno u otro pelaje, desde un malestar en un mundo para siempre roto por un bombardeo franquista de Barcelona en 1938: al chocar contra el mármol / de tu terrible ausencia / te amo mujer de muerte.

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.



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