Antonio Gala:“Me gustaría mucho volver a vuestra Córdoba”

 Pepe Novo Especial para LA MAÑANA MADRID, ESPAÑA.- Hace unos días pasé por la casa de Antonio Gala, a visitarlo, en el coqueto barrio de Chamartín, en Madrid. Me atendió Nacho, un empleado de la fantástica casa, y me dijo: “Llámelo por teléfono a Luis (Cárdenas) porque el señor no está, y él le avisará que estuvo usted por aquí”. Lo llamé a Luis, el secretario del prestigioso escritor castellano-manchego, y acordamos para que fuera a visitarlo al día siguiente, al mediodía. Así fue. Llegué en punto a las doce y media. Interminable escalera, y a los dos minutos estaba con Gala en su escritorio. Cuadros, objetos, libros, muchos encendedores y ceniceros en una mesa ratona, grandes sillones, y una prolijidad asombrosa.


Gala encendió un cigarrillo y me recibió con sus aristocráticos modos: “Bienvenido, Pepe”. -Es un honor que me hayas invitado a tu hermosa casa. -Esta casa era de Julio Iglesias, mira tú… ¿Quién diría, no? Sí, es hermosa. Es mi lugar. -Tenés una casa hermosa, vivís en una zona muy elegante y los nombres de la calles que se cruzan en la esquina de tu casa son muy significativos… ¿Quién diría? Calle de la Macarena esquina Triana… -Hay gente que me pregunta si me he mudado a Sevilla. Sevilla es la única ciudad en la que no podría haber una esquina con estos dos nombres de calle, porque ya sabéis que son dos personajes que se llevan como perro y gato. Pero fue todo una gran casualidad. -Antonio, esta charla la voy a publicar en el diario LA MAÑANA de CORDOBA, allá en la Córdoba de la Nueva Andalucía, en la Argentina… -Bueno, entonces aprovecho la situación y me gustaría decir que me haría mucha ilusión tener artistas cordobeses de vuestra Córdoba en mi Fundación de Jóvenes Creadores. La Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores 

-¿Por qué no me contás sobre la Fundación Antonio Gala que creaste en la Córdoba española? - Por suerte, ahora hay varios países de Europa que se han interesado mucho en la Fundación. Pronto firmaremos un convenio con Alemania y Portugal, para seguir desarrollando la idea en otros sitios. Y mi sueño sería abrir una en Latinoamérica. -¿Cómo nació este proyecto? - Es una idea que tuve desde muy joven, porque viví de cerca la experiencia con un grupo de artistas muy rebeldes, en la Córdoba española. Más por barroquismo y andalucismo en su momento, que por otra cosa. Había muchos poetas, pero también había pintores, orfebres, músicos, escultores y muchos artistas más. Eran mucho más mayores que yo y me sacaban a pasear a la calle como yo podría sacar a pasear ahora a mis perros. Pero no me contaban nada, nunca me decían nada aunque yo siempre estaba con ellos, atraído por estos personajes. Esa experiencia de mi juventud me sirvió para trabajar en la idea de la Fundación. Yo me preguntaba por qué no me contarán cómo crean. Siempre quise saber eso y siempre soñé con el entrecruzamiento de las ideas y el trabajo de músicos con poetas, de escultores con pintores, en un ida y vuelta constante para enriquecer las perspectivas de cada uno. Yo veía cómo ellos intercambiaban sus distintas experiencias y eso me sirvió como referencia para reunir a los artistas, como si fuera una especie de comunidad pitagórica, con sus diferentes campos creativos y que se enriquecieran mutuamente. Todo eso que había vivido siendo casi un niño, me sirvió muchos años después para la creación de la Fundación. El lema de la Fundación es un verso del poema Cantar de Cantares: “«Pone me ut signaculum super cor tuum», que quiere decir: «Ponme como un sello sobre tu corazón». Y por suerte, pude realizar mi sueño. Es sin duda, mi mejor obra. Me siento, de alguna forma, glorificado, no sólo porque lleva mi nombre. -¿Por qué no hay profesores? -Porque nuestra idea es que vayan a visitarlos artistas que ellos admiran, e intercambien enseñanzas y aprendizaje. Esa consigna de “vivir para trabajar”, para nosotros es exactamente al revés: nosotros decimos que hay que “trabajar para vivir”. No hay nada más hermoso para un artista que trabajar exclusivamente en su arte, y los jóvenes que viven en la Fundación hacen eso. Trabajan sólo en lo suyo. Todo el tiempo que ellos quieren. Son chicos muy jóvenes que viven en constante crecimiento humano y artístico. A lo mejor, todavía no han fructificado del todo, pero eso los hace fuertes y mejores. Es preferible que sólo tengan tiempo para crear y desarrollar sus obras. Hay jóvenes muy talentosos. Ya han pasado varias promociones, que luego de un año de trabajo terminan su ciclo en la Fundación, pero nunca se van para siempre porque vuelven casi todos los años de visita. A mí me invitan siempre, y cada vez que voy, me siento muy feliz. Estoy como en mi casa. Estos jóvenes artistas son la luz nueva. Jóvenes artistas, mujeres y hombres que serán referentes en pocos años más, cada uno en lo suyo. -Teniendo en cuenta que te gustaría abrir una Fundación en Latinoamérica, ¿por qué no creás la Fundación en Córdoba de la Argentina? Así se podría generar un intercambio permanente de las experiencias entre ambas fundaciones. Mi provincia te recibiría con mucho amor y admiración. - Bueno, hagámoslo. Me encantaría. Hace mucho que no voy a la Argentina, y especialmente a Córdoba, ciudad que me gusta mucho. Córdoba me apasionó cuando la conocí, hace unos años. Es una buena idea que hagamos la Fundación en Córdoba. Me encargaré de todo para que lo hagamos, así se hará realidad mi sueño de llevar la Fundación a todos los sitios del mundo que estén dispuestos a acompañarnos con este proyecto que es maravilloso, y que muchos jóvenes creadores lo agradecerán. Para eso hará falta que nos ayuden los gobiernos locales, los empresarios y la gente que tenga ganas de que su ciudad se convierta en un centro de producción artística que los haga sentir orgullosos y un lugar que cuide a sus artistas. No hay que olvidarse que sólo hay lugar para veinte jóvenes que están floreciendo y hay que ayudarlos. Cada vez hay más solicitudes de todo el mundo que exceden esa cantidad; por lo tanto, el nivel es altísimo y hay un jurado que selecciona y es muy riguroso. Entran los mejores de cada disciplina. Son chicos geniales, de dieciocho a veinticinco años. Y de Latinoamérica, cada vez demuestran mayor interés. -Entonces, la Fundación de Córdoba argentina, se convertiría en una gran centro de interés para los artistas jóvenes de Latinoamérica. -Claro, ésa es la idea. Me gusta mucho lo que me propones. Me pondré a trabajar de inmediato. Sería milagroso que lo pudiéramos hacer. Sería un nuevo acto de amor y ése es el motor de la Fundación. -Hablando de actos de amor. Estuve releyendo hace unos días “El Aguila bicéfala”, esa obra donde has reunido poemas, breves relatos, aguafuertes, que hablan sobre el amor… -En realidad, toda mi obra gira alrededor del amor. El ser humano, que es tonto, de repente tiene unas posibilidades tan grandes, pero él no se da cuenta y hace milagros. En un reducido solar, pequeño, confuso, muy personal, egoísta en apariencia, que es el sexo, él ha podido edificar esa maravilla eterna y de cristal a la vez, que es el amor. Eso me parece tan maravilloso. El amor es ciego, pero no falla. Nos lleva a donde tiene que llevarnos. El amor no se equivoca. No se equivoca nunca. Mira, ahora estoy trabajando en un nuevo y posible libro, que se llamaría “El lazarillo ciego”, porque insisto, el amor es ciego, pero nunca se equivoca de destino. -En tu obra se advierte una permanente búsqueda de la poesía, más allá del género que abordes. -Es verdad. No sé por qué mucha gente dice que en la poesía no existe la inspiración, existe la transpiración. O sea, trabajo y trabajo. Yo no pienso eso. Es pura inspiración. La poesía, para mí, es algo que depende del buen oído, de estar atento en los que escuchas, en lo que ves, para luego trasladarlo al papel lo más fiel y armoniosamente que puedas. Poesía y profecía son la misma cosa, tienen la misma raíz, pero tienen que tener la misma claridad, porque una poesía o una profecía que no tengan claridad, no sólo provocan confusión, sino que no cumplen con su misión esencial. La poesía, a nosotros, se nos dicta de una manera clara, y tenemos que transmitirla con la misma claridad. -¿Demoraste muchos años para escribir tu primera novela, “El manuscrito carmesí”? -No sé si hay una respuesta. Lo cierto es que entre la poesía y el teatro, me ganaron las horas y los días durante muchos años de mi vida. Pero demoré más en investigar y estudiar, que en escribirlo. -Claro, tenés una gran producción teatral… -Sí, es cierto. Escribí mucho teatro. En España y en Francia, casi todas mis obras han sido un éxito total. En la Argentina se hizo “Petra regalada”, que iba a hacer Norma Aleandro, pero después no sé qué pasó y yo me tuve que venir ante de que se estrenara. También se hizo “Anillos para una dama”, en la que actuó Nati Mistral en la Argentina, y Amparo Rivelles para el resto de Latinoamérica. Sabes una cosa, el teatro dejó de cautivarme. Hace unos meses, aquí en Madrid, se hizo un congreso internacional de teatro de la Unesco, que yo presidí, y que tenía como lema “El teatro recuperado”. En estos momentos, el teatro está viviendo un tiempo de confusión, por lo menos aquí en España. El teatro es para mí la interpretación de una sola persona, la interpretación del director. El teatro es un texto para el director. En ese congreso alguien me dijo: “Gala, por qué no se deja recuperar por el teatro”. A Shakespeare no se le toca. Acaban de hacer un Hamlet, con una actriz maravillosa que es Blanca Portillo, que recitó el monólogo del ser o no ser, desnuda. Un despropósito porque Hamlet tiene una cosa en el cuerpo que una mujer no tiene, y aunque parezca un detalle menor, es fundamental. Vi también una versión de Mac- beth, y el personaje del sargento que lleva y trae, lo hacía una señora negra. A la Lady le habían puesto un traje achinado, que no la dejaba caminar y andaba a los saltitos en escena. Horroroso. Perdía toda la grandiosidad del personaje. No entiendo cómo pueden deformar un texto que tienen un sentido. Si no les gustan los textos, pues que no hagan esas obras. Que elijan otras. Si esto lo viera vuestra gran Lola Membrives, a quien tanto quise y tanto admiré, pondría el grito en el cielo. -¿La conociste a Lola Membrives? - Sí, claro. Tengo una anécdota muy especial. Yo era muy joven, pero ella siempre tenías gestos muy cariñosos conmigo. Y siempre tenía una enseñanza. Una vez me dijo que los que no aman los olores de los retretes de un teatro, no aman el teatro. En otra ocasión, me invitó al Hotel Palace, donde se alojaba aquí en Madrid, en la habitación 444, y me dio un recital para mí solo. Yo era muy joven, pero jamás lo olvidé. Ya estaba muy mayor, muy encorvada, sin embargo, cuando entraba al escenario, salía con un elegante paso sevillano de Semana Santa. Te dejaba boquiabierto. -Me resulta extraño que a nadie se le haya ocurrido llevar al cine esta novela maravillosa que es “El manuscrito carmesí”… -Bueno, te digo lo que todavía no le he dicho a nadie. La quiere hacer Antonio Banderas, él quiere armar todo. Ya me la ha pedido. Veremos qué pasa. Habrá que ser muy riguroso. Cuando empecé a pensar en escribir esta novela, tuve la idea de invitar a mi casa a varios embajadores del mundo árabe. Eran nueve, más o menos. En un momento, mientras cenábamos, les dije que tenía la idea de escribir esta novela sobre los vencidos y sobre los vencidos no escribe nadie; y que si tenían alguna documentación, referencias o sugerencias para acercarme, que lo hicieran. Me preguntaron sobre quién iba a escribir, y contesté: “Sobre Boabdil, el último monarca musulmán de Granada, quien entrega las llaves de la ciudad y se rinde ante los Reyes Católicos”. Se hizo un silencio de charco. Nadie contestó una palabra. Le tienen un rechazo absoluto a quien, según ellos, entregó el imperio árabe en España. Es una obra que yo amé. Fue mi primera novela. Inolvidable. -Pero Boabdil lo entregó engañado y por las traiciones… -Claro, lo entregó por las traiciones, engañado por las capitulaciones. No le quedaba otro camino. Quiso evitar una tragedia, y la evitó. Pero pagó un gran precio. --------------------------------------------------------------------------- Cuando se recibe un nombre, se recibe un destino… -¿Por qué tenés tantos nombres? ¿Has cumplido con aquello que escribió Leopoldo Marechal que “cuando se recibe un nombre, se recibe un destino? -He leído a Marechal, un escritor maravilloso. Bueno, mira, en mi casa, todos mis hermanos se llaman igual que yo desde el nombre María de los Dolores. Somos varios hermanos con muchos nombres iguales. Por suerte, mi ama me salvó de la broma, porque los Velasco de Cuellar, se llamaban casi todos Martín, y ninguno de mis hermanos mayores se llamaba Martín, entonces pensaron que me debía llamar Martín. Cuando en el bautizo dijeron que me iban a llamar Martín, mi ama se lanzó sobre el sacerdote y toda la familia, y exclamó: “¿Mi niño se va a llamar Martín? De ninguna manera mi niño se llamará Martín Gala”. Por supuesto, mi ama impuso su voluntad y me salvó. Me cambiaron el nombre y me pusieron todos esos que tengo. (N. de la R.: el nombre completo de Antonio Gala es Antonio Angel Custodio Sergio Alejandro María de los Dolores Reina de los Mártires de la Santísima Trinidad de todos los Santos Gala Velasco). En España, martingala es una especie de engaño, un truco, una picardía. Y verdaderamente, al nombre de martingala no respondo ni yo ni mi obra. -Tengo una amiga en Córdoba que me pidió que le comprara dos libros que en la Argentina, según ella, están agotados. Le pregunté de qué autor, y me dijo, de Antonio Gala. Me sorprendió la casualidad porque le conté que en unos días te visitaría. Entonces le pregunté si quería que te hiciera alguna pregunta que a ella le hubiera gustado hacerte. Pero me contestó que no, que todas las respuestas tuyas estaban en tu obra. - Es verdad, es una buena respuesta. ¿Cómo se llama tu amiga? -Carina… -Bueno, dile a Carina que si es amiga tuya, ya es amiga mía. Y que tiene razón. Su respuesta me gusta. Dile que cuando vaya a Córdoba para que concretemos lo de la Fundación, me gustaría conocerla para darle un abrazo. --------------------------------------------------------------------------------- Habían pasado más de dos horas de charla. Antonio tenía un compromiso, pero no le importó. Se quedó más de la cuenta contando cosas de su vida y de su obra. Pero Luis, el secretario, fue implacable: “Antonio, si no nos damos prisa llegaremos tarde”. Apagamos nuestros cigarrillos, bebimos el último sorbo de vino tinto, nos despedimos, y nos comprometimos a seguirla en cualquier momento. Cuando nos saludamos, a escasos metros de la puerta sobre la calle de la Macarena, me dijo: “No te olvides que me gustaría visitar otra vez tu Córdoba”. Sin dudarlo, le contesté: “Depende de vos. Cuando quieras, Córdoba te recibirá con los brazos abiertos”.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una mujer de ojos oscuros y piel de aceituna

Crónica de la primera vez (Barcelona '92)